La estructura del talento.

La verdad es que estoy un poco cansado de ir a conferencias en las que escucho hablar de las maravillas de una u otra disciplina y cuando preguntas en detalle cómo lo hacen, las respuestas se pierden en un vago discurso medio elíptico, medio mágico, desarrollando lo que Alfonso Alcántara denomina psicolabia. Esto en el coaching sucede, y aunque va por barrios, es bueno que los que nos dedicamos a esto hagamos un esfuerzo por ser más precisos y rigurosos.

La pnl como disciplina enfoca en la estructura de las habilidades y los talentos, es decir, observa qué hace una persona que lo hace muy bien e intenta desgranar eso que hace en unidades que pueda enseñar a otras personas. Así se puede enseñar de forma ágil cosas que a otros por propios méritos les llevó muchas horas de práctica y de descartar y pulir opciones.

Aunque podemos aprender habilidades rápidamente, la maestría es cuestión de tiempo. La pnl puede ayudar a que la práctica futura sea más certera, más enfocada pero las horas de entrenamiento no te las quita nadie.

Hablar en público, mantener la calma en situaciones de exigencia, motivar a otras personas a hacerlo mejor son habilidades que muchas personas necesitan y no encuentran; las respuestas habituales son: eso lo da la experiencia, cuando lo hace bien los sabes, deberías tener una personalidad más magnética y cosas por el estilo.

En definitiva, la respuesta a cómo podemos hacer para ser más hábiles en una competencia, suele ser tan difusa e inespecífica que no nos permite poder mejorar en aspectos concretos.

En pnl intentamos trabajar en la estructura profunda, esto es el orden de actuaciones concretas que deberemos realizar para obtener un resultado deseable, para facilitar un rápido aprendizaje. Aún respetando la máxima que “la práctica hace al maestro”.

En la estructura también es dónde podemos reconocer a un buen profesional, cuando sabe lo que debemos de hacer, en el orden en qué debemos hacerlo y qué hacer si las cosas no salen como esperamos.

Me gustaría compartir con vosotros un texto que ha preparado mi amiga Paula Fernández de Soto, que es arquitecta y un curiosa incansable.

Un reflexión final: para aprender algunas cosas son fáciles, otras menos fáciles pero todas requieren su tiempo, no hay atajos.

El método Miguel Angel

(…)¿Por qué algunos períodos y lugares son mucho más productivos que el resto? Banks (un estadístico de la ciudad de Carneguie) estudia tres grupos en los que el talento es abundante: Atenas desde el 440 hasta el 380 a. J.C., Florencia desde 1440 hasta 1490 y Londres desde 1570 hasta 1640. De estos tres períodos de la historia, ninguno es tan deslumbrante ni se encuentra tan bien documentado como el siglo XV florentino.

(…)¿qué hacían los artistas florentinos? ¿Cómo practicaban y durante cuánto tiempo?

Florencia fue el epicentro de una poderosa creación social llamada gremio de artesanos. Se trataba de asociaciones de tejedores, pintores, orfebres, y similares que se organizaban para regular la competencia y el control de calidad. Los gremios funcionaban como cooperativas que pertenecían a los trabajadores: tenían administradores, cuotas de asociado, santos patrones y férreas políticas que establecían quién estaba capacitado para trabajar en el oficio. Sin embargo, lo que mejor sabían hacer era cultivar el talento. Estaban estructurados de acuerdo con un sistema de aprendizaje por el que los chicos de alrededor de siete años eran enviados a vivir con los maestros del oficio por períodos fijos que oscilaban entre los cinco y los diez años.

Los aprendices trabajaban directamente bajo la tutela y supervisión del maestro, quien asumía con frecuencia los derechos de custodia legal del chico a su cargo. Los muchachos aprendían el oficio a través de la acción, no de clases magistrales o teóricas: mezclaban los pigmentos de la pintura, preparaban los lienzos, afilaban los formones.

Cooperaban y competían dentro de un orden jerárquico, ascendían cuando transcurrían algunos años hasta alcanzar el status de oficial y, finalmente, si contaban con la preparación suficiente, llegaban a maestros. Este sistema creó una cadena de importantes mentores: Da Vinci estudió bajo la dirección de Verrocchio, Verrocchio estudió bajo la tutela de Donatello, Donatello estudió con Ghiberti, Miguel Angel aprendió de Ghirlandaio, Ghirlandaio trabajó con Baldovinetti, etcétera; todos ellos se visitaban con frecuencia en sus respectivos estudios, de acuerdo con un arreglo cooperativo / competitivo que hoy se llamaría red de contactos profesionales. (Este sistema se mantuvo vigente hasta el año 1500, cuando algunos estados-nación muy poderosos se decidieron a acabar con los gremios y, por lo tanto, con el motor de la práctica intensa del Renacimiento).

En otras palabras los aprendices pasaban miles de horas resolviendo problemas, probando soluciones, equivocándose y volviendo a intentarlo. Estaban confinados en un mundo completamente dedicado a la producción sistemática de la excelencia. (…)

Consideramos ahora el caso Miguel Angel. Desde los seis hasta los diez años, vivió con un picapedrero y su familia. Con ellos aprendió a manejar el mazo y el cincel antes de aprender a leer y a escribir. Después de un breve e infeliz intento de asistir a la escuela, Miguel Ángel entró como aprendiz en el taller del gran Ghirlandaio. A partir de entonces, recibió cientos de encargos, y dibujó, copió y preparó frescos. Luego comenzó a trabajar con el maestro escultor Bertoldo y fue instruído por otras grandes figuras en la casa de Lorenzo de Médici, donde Miguel Angel vivió hasta los diecisiete años. Era un artista prometedor pero poco conocido, hasta que, a los veinticuatro años, esculpió la Pietà. La gente dijo que la escultura era obra de un genio, pero su creador discrepaba de ese juicio. “Si la gente supiera cuán duramente tuve que trabajar para conseguir mi maestría, diría más tarde Miguel Angel, no le parecería tan maravillosa”.

Este sistema de aprendizaje, basado en un largo período de estudio, en el temprano conocimiento de los materiales, en la imitación y en el trabajo en equipo, permitió que chicos que eran, probablemente bastante normales se transformaran en los portadores de una elevada habilidad artística, escribió Bruce Cole en The Renaissance Artist at Work. Según se creía en el Renacimiento, el aprendizaje del arte debía seguir una serie de etapas progresivas: la mezcla de los colores, la realización de copias, la colaboración en las creaciones del maestro y finalmente, la creación de esculturas o pinturas propias.

Siempre tendemos a pensar en los grandes artistas del Renacimiento como en un grupo homogéneo. Sin embargo, eran como cualquier otro grupo de gente seleccionada al azar: provenían tanto de familias ricas como pobres, tenían personalidades diferentes, maestros distintos y motivaciones diversas. Pero sí tenían una cosa en común: todos pasaron gran parte de su infancia dentro de un “invernadero” de práctica intensa activando y optimizando circuitos, corrigiendo errores, compitiendo y mejorando habilidades. Todos ellos participaron en la mayor obra artística que un individuo puede crear: la arquitectura de su propio talento.

Dan Coyle, “Las claves del talento”, Ed. Zenith, Barcelona 2009. Adaptado por Paula Fernández de Soto